Congelando el tiempo

Name: Yukiko
Location: Spain

Thursday, July 19, 2007

Desvarío I, El pintalabios vanidoso


A partir de ahora se encontraran en el blog con una nueva especie: los desvaríos varios; una peculiar especie que habita en mi vida cotidiana. Una pequeña ventana a mi abstracta persona. Señoras, caballeros, no se asusten, son completamente inofensivos, o eso dicen...

Desvarío I, El pintalabios vanidoso



-Hoy estoy borracha de vanidad y ego…
Entre risas me contesta mi acompañante:
-¿Pero qué dices? Yo ya sabía que estabas loca pero tanto…
-Si enserio, entre todos los pintalabios que me he probado, y este nuevo que he comprado… tengo una sobredosis de ego y vanidad…
Cara propia de un cuadro surrealista con un leve matiz que sugería muy educadamente “querida conozco a un psiquiatra excelente”:
- Te queda muy bien el color y te resalta los labios, pero…no te entiendo, ¿Seguro que te encuentras bien?
- Sí, sí, perfectamente… ¿Tú no sabías que a los potingues como los pintalabios y compañía les añaden ego y vanidad en pequeñas cantidades?
Se le dibuja un signo de interrogación en el rostro, de esos que no se borran ni con aguarrás, y antes de que me replique nada sobre mi estado mental, me adelanto:
-Escritos con letrita pequeña y palabras extrañas se encuentran camuflados entre los ingredientes… Y claro, de tanto probar, me he merendado una buena ración, además la barra que me he comprado los posee en exceso…Deberían prohibirla…
Con un tono tanguista entre la sonrisa borracha y la graciosa dulzura extingue mi desvarío:
-Sí… Seguro… El calor te afecta demasiado… Anda saca el abanico, y deja de mirarte en los escaparates que los maniquís van a tener envidia…

P.D: La imagen "The Widow" es creación de la brasileña Luiza Prado.

Sunday, July 08, 2007

Cuando todo arde...



¡Santo Dios qué calor hacía! Era verano, no cabía duda: las escaleras ardían, las llaves ardían, incluso la cerradura ardía…Y cómo no, ella…ella también ardía. Se quito de encima la pesada ropa, símbolo hipócrita de la supuesta decencia de la sociedad; se puso un vestido de esos fresquitos y juguetones, de esos que juegan a hacer enigmáticas sombras en el cuerpo.

Se tiró en la cama, su cuerpo quedó en una postura anárquica, totalmente descarada; el tocadiscos empezó a susurrar notas azules y frescas que recorrían cada rincón de la habitación, para acabar acariciando su cuerpo. Miró al imponente espejo, pero esta vez sin temor, no le tenía miedo; el espejo que estaba descansando y no se lo esperaba, cayó rendido ante aquella mirada, y aunque sacó la bandera blanca, de nada le sirvió, fue devorado al instante.

Siguió mirando sin tapujos; se encontró más bella, más mujer, aunque seguía manteniendo ese ingenuo frescor infantil, algo había cambiado. Los cuentos de hadas habían terminado: ya no creía en príncipes azules que desteñían con la lluvia; la bruja no era tan mala y le enseñaba secretos mágicos que el hada madrina siempre le ocultó; y se dio cuenta de que el malvado hechicero tenía una mirada penetrante y una sonrisa interesante .

Decidió encerrar por un rato al pesado de Cupido en el sótano, a veces era un crío tan insoportable; siempre hablando del amor único y verdadero, del que es para toda la vida. Pero ella no quería esperar sentada hasta encontrarlo, quería sentir las bellas caricias de lo efímero, probar cada uno de los sabores del placer.

Ya no podía, ni quería, ocultar las sinuosas curvas de suave arena que se formaban en su cuerpo; de nada sirvieron las inocente florecillas cosidas en su cuerpo de forma infantil por la primavera. Era verano y su cuerpo estaba encendido, las lenguas de las llamas lo besan sin cesar. Y en pleno incendio el vecino llamó a la puerta, ese vecino nuevo tan simpático y sensual; desde su ventana había escuchado ruido y pensó que ella estaba cocinando, así que decidió que sería el momento idóneo para pedirle un poco de sal…