Congelando el tiempo

Name: Yukiko
Location: Spain

Monday, May 21, 2007

"Enjoy the silence"

Ya sé que dije que iba a actualizar más a menudo , craso error por mi parte porque estoy tardando, pero es que me lio entre: curvas, hilos y telarañas.... Soy un desorden ya lo sé. Así que lo único que puedo hacer es defender la necesidad del silencio.

Muchas veces no apreciamos el valor del silencio; no nos damos cuenta de la necesidad de escapar del bullicio, del las palabras sin sentido o de la verborrea incesante de un grifo averiado. Tenemos miedo al silencio, a las verdades que desenmascara, a que nos deje desnudos sin nada con lo que cubrirnos; así que nos empeñamos en ahogarlo entre sustantivos, adjetivos y algún que otro verbo.

Tememos a la imponente intimidad que proporciona; a que esa intimidad se vuelva hostil y descarada, y sin previo aviso desvele alguno de esos pequeños secretos "sin importancia" que guardamos con tanto recelo en lo más profundo de nosotros.

Tenemos miedo a que nos deje sin palabras, sin armas: frágiles y vulnerables ante los otros. Sobre todo, ante las personas que más amamos, porque paradójicamente es de las que más nos escondemos. Tememos que nos hagan daño; tememos defraudarles, horrorizarles con nuestro verdadero ser, que nos rechacen. Tememos quedarnos solos ante el silencio.

Pero el silencio es necesario porque nos invita a reflexionar y nos muestra la esencia que se encuentra detrás del maquillaje de las palabras. Así que solo puedo decir: Enjoy the silence.


(Versión de Lacuna Coil de Enjoy the silence de Depeche Mode)

Tuesday, May 08, 2007

El suicidio del conejito


Y Alicia se quedó enganchada a aquél sillón de tela barata y muelles enmohecidos; poco importaba el sillón. Las persianas bajadas para que el insolente sol primaveral no molestase; las ventanas dobles de aluminio, bien cerradas para ahogar los aburridos y monótonos ruidos de la naturaleza.

La semi-oscuridad inundaba la habitación, protagonista único de la escena el nuevo espejo de Alicia: una pantalla de plasma de 26 pulgadas. El blanco conejo corría por la habitación enloquecido: “...Llego tarde, llego tarde…”, pero a Alicia le daba igual; seguía en su estoica posición admirando su nuevo espejo.

Una peligrosa trampa lleno de artificiales colores, de estrepitosos sonidos; un espejo de vacía información y engañosa libertad. Alicia jugaba con la avariciosa oruga del tele tienda; gastaba el dinero que le daba su mamá en el bosque de los pájaros polifónicos; por las tardes, solía tomar el té con Maria Fernanda y Rosarito mientras cuchicheaban sobre el galante Mario Alberto; a veces, leía el diario secreto de Humpty-Dumpty que se publicada en el viejo muro con llamativas letras rosas.

Pero lo que más le gustaba a Alicia era acudir al palacio de la cruel Reina de Corazones. Allí, se exhibía a diario el sufrimiento de los súbditos de la reina; pequeños naipes que no merecían respeto alguno. Disfrutando desde sus sillones, los privilegiados invitados podían presenciar sangrientas escenas; cada una más pavorosa que la anterior. Ya estaban acostumbrados, a veces sentían cierta lástima o miraban para otro lado, pero en su interior se extendía un placer oscuro ante el dolor de los demás.

Disfrutaban en silencio. A veces sentían miedo de ser los siguientes; de ser las desdichadas víctimas de la reina, de que su fragilidad fuese expuesta ante las miradas ajenas. Pero enseguida lo olvidaban entre somníferos de vivos colores y palabras tan alegres como volátiles.

El conejo miró por última vez a Alicia con resignación, ella ya no le veía, era un vago recuerdo en su memoria. Un último lamento, un último suspiro y un disparo seco; Alicia no lo escuchó absorta en el incesante bombardeo de imágenes. El único testigo mudo una macabra mancha carmín en la pared; con un poco de suerte la limpiaría la asistenta al día siguiente.
P.D: Imagen "robada" a Shapor.