Congelando el tiempo

Name: Yukiko
Location: Spain

Wednesday, March 21, 2007

Hoy no quiero esperar

Hoy quiero ser una niña mala; quiero perder el control, dejarme llevar, pero tu no te das cuenta, estas frío, ausente, dormido...No puedo esperar a que despiertes, a que vuelvas; no quiero. Lo siento, llamame caprichosa, vanidosa incluso egoista pero necesito a alguien que juegue con esta inocente niña...
Au revoir




La canción es Lolita del grupo Elefant.

Saturday, March 17, 2007

El gatito negro



El gato negro me mira, le miro y sigo ordenando unos papeles. Su mirada no se aparta, la noto en mi nuca; atraviesa la suave piel, clavándose poco a poco como pequeñas agujas de vudú. Intento resistir pero no puedo, le vuelvo a mirar. La elegancia se difumina en unos ojos amarillos, imperturbables, que desatan sin piedad los miedos más profundos. Mi mente se inquieta, empieza a danzar dominada por los oscuros movimientos de la criatura.

Todo pierde sentido, todo se vuelve rojo y negro. Risas, máscaras, y más risas, todo gira sin parar, un peligroso carrusel. Lo noto, ella intenta desatarse, el pavor inunda mi ser, me quedo paralizada – ni se te ocurra, no, no lo hagas…- pero mi voz cada vez es más débil y sus descaradas carcajadas la golpean, hasta hacerla callar. Ahí está, el espejo no miente, encadena a la inocencia, enmudece a la decencia. Se apodera de mi cuerpo, lo mira lasciva, mientras saborea la agridulce manzana de lo prohibido.

El baile continua, y ella se une a el. Baila entre mariposas púrpuras de lujuriosos movimientos. Las suntuosas máscaras ocultan miradas dementes. Y el gato sigue ahí, dirigiendo el baile con su hipnotizante mirada de sádicos reflejos. Grandes cortinones de terciopelo púrpura protegen a los selectos invitados de miradas indiscretas; de mentes demasiado débiles, demasiado vulgares para asistir a una fiesta tan singular, dónde los límites de lo prohibido desaparecen.

Nadie se desprende de su máscara; nadie quiere reconocer esos pensamientos que se esconden en los sombríos callejones de sus mentes y que ahora juegan libres por el salón. Alguien me ofrece una copa, mis labios tímidamente la rozan y el líquido cae suavemente por mi garganta; saboreo un licor de intenso sabor que convierte el miedo en un placer inconfesable. Noto unos labios que descienden maliciosamente por mi cuello, pequeños mordiscos entre susurros de delicioso veneno, unas manos que me van atando a sus caprichos; el gato desde lo lejos sonríe triunfal. Yo simplemente me dejo hacer, marioneta de mis más oscuros deseos.

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