Nunca seré un girasol

Nunca me han gustado los girasoles. Aparentemente no podría tener nada en contra de ellos; me miraban sonrientes cuando navegaba por las áridas carreteras veraniegas o cuando me perdía entre ellos queriendo escapar de mi azulada vida con olor a lluvia, queriendo negar lo que verdaderamente soy.
Pero siempre me ha invadido una sensación de incomodidad al verlos, quizá por su color amarillo de alegre extroversión, por sus grandilocuentes sonrisas o por sus murmullos de alegría cuando el viento del atardecer los mecía. Siempre he preferido el suave silencio que me acuna y acaricia sin hacer preguntas, sin intimidarme con ruidosas risas. Nunca he tenido su amarillenta y resplandeciente seguridad, esa que muestran orgullosos cuando miran al sol; me da igual, para qué, mi dulce fragilidad juega a perderse en los bosques de cristal, esos que solo yo conozco y no cambiaría por nada.
Ya no quiero perderme en los campos de girasoles de color dorado. Me gustan mis noches plateadas, mi luna que brilla tímidamente y esas notas de azulada melancolía que me acompañan. Nunca seré un bonito girasol de verano; siempre seré ese pequeño pétalo que viaja entre los susurros del silencio invernal.
Pero siempre me ha invadido una sensación de incomodidad al verlos, quizá por su color amarillo de alegre extroversión, por sus grandilocuentes sonrisas o por sus murmullos de alegría cuando el viento del atardecer los mecía. Siempre he preferido el suave silencio que me acuna y acaricia sin hacer preguntas, sin intimidarme con ruidosas risas. Nunca he tenido su amarillenta y resplandeciente seguridad, esa que muestran orgullosos cuando miran al sol; me da igual, para qué, mi dulce fragilidad juega a perderse en los bosques de cristal, esos que solo yo conozco y no cambiaría por nada.
Ya no quiero perderme en los campos de girasoles de color dorado. Me gustan mis noches plateadas, mi luna que brilla tímidamente y esas notas de azulada melancolía que me acompañan. Nunca seré un bonito girasol de verano; siempre seré ese pequeño pétalo que viaja entre los susurros del silencio invernal.
P.D: Foto cogida de la galería de Elfis http://www.flickr.com/photos/bilderfantasien/







6 Comments:
pobre vincent-....
Me alegra ver que como prometiste regresas tras los exámenes para deleitarnos con tus textos.
Buenas noches, gracias por vuestros comentarios, siempre se agradecen.
En cuanto a Vincent creo que supo capturar la melancolía, tristeza y decandencia de los girasoles de una forma asombrosa; porque aunque sean demasiado orgullosos tras esa sonrisa ellos también lloran. Sí, definitivamente Vincent fue un excelente psicólogo de los girasoles XD.
Un beso,
Yukiko.
Que bello, aunque creo que uno siempre es una mecla de dorado y plateado rayo de luna.
Un beso lara
Me apasionas. En tu ausencia literaria he sentido un gran vacío, que sólo he podido llenar con tu nuevo relato.
Me encantaría saber más sobre ti.
un beso,
Inuyasha
Gracias por el comentario Inuyasha, me siento alagada. Haber si saco más tiempo para dedicarle al blog.
Un beso,
Yukiko.
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