Congelando el tiempo
Wednesday, November 22, 2006
Sunday, November 05, 2006
Lluvia de melancolía
El firmamento quiere renunciar a su condición de ser firme, pero no puede. Quiere esconderse, reducirse a la mínima expresión. Ser la nota perdida, esa que el arco del violín no logra arrancar por ser demasiado triste, demasiado real y melancólica para un mundo que se esconde detrás de las mascaras de la sonrisa edulcorada. Las nubes le cubren con un manto de grises taciturnos, lo acunan con las notas perdidas del viejo violín y el viento susurra una nana con olor a lirios y nostalgia marina.La tranquilidad cotidiana, esa que hace que el despertador suene cada mañana, se va rompiendo; la gente mira preocupada al cielo, las primeras lágrimas van aflorando tímidamente. Los paraguas empiezan a crear un manto de hipocresía que cubre los ojos con ilusiones efímeras ante el dolor ajeno. Las pequeñas gotas teñidas de dolor se suicidan contra el suelo gris, suaves, frías, huérfanas.
Miro al cielo, me invita a compartir su tristeza, me tiende su mano. Empiezo a caminar, sus lágrimas me besan con timidez, me susurra suavemente palabras silenciosas que se pierden en el viento. Algunas personas miran extrañadas desde sus refugios; yo sonrío, quizá nunca me entiendan, pero no me importa, me aterraría vivir en su segura monotonía. La lluvia, protectora, me cubre con sus brazos, me envuelve en su azulada melancolía.
El firmamento me mira, mis ojos se pierden en él. Me gustaría ayudarle, liberarle, pero no puedo; me quedo en silencio observando la dramática belleza de sus lágrimas que se unen con las mías. Una sensación de intimidad recorre mi cuerpo, la tristeza se apodera de mí; una tristeza bella, serena, que nada tiene que envidiar a la alegría.






