Congelando el tiempo

Name: Yukiko
Location: Spain

Tuesday, August 22, 2006

El laberinto

Y tengo miedo. Mucho miedo. Cada duda, cada temor, se convierte en un laberinto de paredes blancas, asépticas, inhumanas; guarida del monstruoso minotauro que arranca corazones llenos de sentimientos para devorarlos ávidamente. Navego en un paisaje irreal con pinceladas de cruenta realidad.

Intento escapar. Busco algún hilo que me muestre la salida. En un rincón tímidamente escondido, avergonzándose quizá de su simpleza ante las titánicas moles blancas, se encuentra un cordel. Maltratado, ajado por el paso de los años. Para algunos, una ofensa ante la pulcritud aterradora, casi obsesiva, del laberinto; para mí, mi única esperanza, mi salvación. Sigo el camino que me marca. No dudo, demasiado cansada para enfrentarme al letal veneno de las dudas, demasiado inocente para dudar del humilde aspecto de la cuerda. De repente todo se vuelve blanco, el horizonte se difumina en una profunda solidez. Mi rostro de incrédula sorpresa, busca el cordel sin éxito. No está. Terrorífico truco de magia producto de mis delirios, de mis ansias de esperanza.

Estoy perdida. Busco una última salida, una inútil solución. Grito. Grito esperando que mi Teseo acuda, pero éste nunca existió, engañosas ilusiones de un amor de primavera. Silencio. Solo silencio. Mi voz, desesperada, busca una respuesta y choca una y otra vez contra el claustrofóbico paisaje; el silencio la desgarra, debilitándola, matándola. Un sonido. Algo se acerca. Un terrible presagio recorre mi mente. Mi cuerpo se hiela. Frío, mucho frío. Un lamento ahogado, arrepentido. Y una lágrima empieza a asomar. Y los pasos se acercan. Y mi cuerpo tiembla. Todo se acelera, mi corazón, los pasos, el tiempo. Está cerca. Mi cuerpo, en un impulso de supervivencia, augurando el final, se recoge. Un ovillo de piel, músculos, huesos y sangre.

Y está aquí. Una respiración pausada, segura, intimidatoria, llena el estrecho pasadizo de una calidez húmeda y agobiante proveniente del propio infierno. Todo se para. Un silencio sepulcral. Un instante. Una espera que se convierte eterna. No, no quiero enfrentarme a mi destino. Pero mi curiosidad me traiciona, mis ojos miran a mi verdugo. La bestia clava sus ojos en mí. No, no hay odio en su mirada. Resignación, sus sanguinarios ojos muestran resignación, cansado quizá de seguir su destino, cansado del dolor que este causa. Un destello de compasión roza su mirada. Tan diferentes y tan iguales. Verdugo y victima. Sin él, mi telar tejido por las parcas no tendría fin, y sin mí, su telar no se podría completar. La soledad nuestra compañera mutua. Él fuerte, y yo débil. Fatigado por su horrenda labor espera, respetuoso, esos breves segundos en los que yo me despido de la vida para entregarme a la muerte. Se escucha un grito. Mis ojos se empiezan a nublar. Como espectadora de un espectáculo dantesco veo al minotauro con mi corazón en la mano. Un color carmín tiñe las impolutas y estoicas paredes, lágrimas rojas, resaltando su hipócrita pureza. Mi cuerpo, muerto, asesinado por el mundo de las dudas y temores. Sin sentimientos que lo atormenten, sin sentimientos que le den una razón para vivir.

Tuesday, August 08, 2006

Esta noche solo tuya



Esta noche quiero ser tuya y de nadie más. Solo tuya. Únicamente tuya. Que llore el cielo mil lágrimas de pureza cristalina, que hoy no quiero ser pura. Que grite el viento, que reviente sus pulmones contra nuestra ventana, que hoy no acariciará mis cabellos. Que brille la luna como Lorenzo en agosto, que hoy no será ella quien descubra cada oasis de mi piel. Y que sufra mi amada noche, mi amada oscuridad, a esa que entrego cada gota de mi esencia, que hoy será otro quien descubra el delicado perfume de mi ser.

Hoy no habrá ni trampa ni cartón, ni eufemismos, ni elegantes palabras que cubren los cuerpos con delicadas sedas. Hoy seremos piel contra piel, como primitivos tambores que explotan en nuestro corazón. El amor platónico se acabó, esta noche encerrado entre las densas palabras de los viejos libros, demasiado cansados para disfrutar de la lozanía de nuestros cuerpos. Los instintos despiertan como fieras salvajes, hambrientas, voraces, devoran aromas, sabores, sensaciones. La música que las calma nuestras caricias, nuestros besos, nuestras palabras prohibidas y hoy no voy a ser yo la que se las va a negar.

Desnuda para ti. Hoy seré la Venus de Milo para ti, no habrá museo que me posea, está noche en la exclusiva galería del arte de la pasión, nuestra habitación. Tú, crítico exquisito de las pinceladas de mi cuerpo. Esclava y diosa a la vez, está noche a tus pies y adorada en tu altar. Atada a tu piel y liberada por tus besos. Mariposa sin alas pero con curvas.

Hoy no huyo. Hoy no me escondo en los bosques de la ausencia. Hoy ante ti. Tu calida boca busca los lagos escondidos en mi piel para saciar su sed. Tu lengua, hábil pincel que retoca con deliciosos matices rosados mi cuerpo. Todos mis suspiros son para ti, la nieve que los envolvía desaparece, dejándolos desnudos, derramando mi esencia por toda la habitación. Tus manos intentan borrar una y otra vez las inalterables líneas curvas de mis caderas. Y allí donde la espalda pierde su nombre, mil y un nombre son inventados por tus labios, mientras las manos curiosas emprenden una lujuriosa expedición. Hoy, esta noche, seré tuya, no sé de quién ni quién seré mañana, ni tan siquiera si seré, solo sé que esta noche toda, todita tuya soy.